| La mayoría de las personas
desean en lo más profundo de su ser, la
paz. Sin embargo, son patentes las trágicas y continuas
quiebras de la paz entre los distintos pueblos del mundo. No
es fácil la tarea de buscar soluciones adecuadas para alcanzarla.
Muchos son los obstáculos.
Esta Carta desea indicar algunos principios que puedan ayudar a superar estos obstáculos y, a la vez, ofrecer unos fundamentos sobre los que construir más sólidamente la paz. I.- Los contemporáneos no tenemos ninguna culpa de los males acaecidos en la Historia, por la sencilla razón de que no existíamos. II.- ¿Por qué, pues, debemos tener y alimentar resentimientos unos contra otros si no tenemos ninguna responsabilidad de lo acontecido en la Historia? III.- Eliminados estos absurdos resentimientos, ¿por qué no ser amigos y así poder trabajar juntos para construir globalmente un mundo más solidario y gratificante para nuestros hijos y nosotros mismos? IV.- Es fructuoso conocer la Historia lo más posible. Pero vemos que no podemos volverla hacia atrás. Vemos, también, que si la Historia hubiera sido distinta -mejor o peor-, el devenir habría sido diferente. Se habrían producido a lo largo de los tiempos otros encuentros, otros enlaces; habrían nacido otras personas, nosotros no. Ninguno de los que hoy tenemos el tesoro de existir, existiríamos. Esto no quiere insinuar en absoluto que los males desencadenados por nuestros antepasados no fueran realmente males. Los censuramos, repudiamos y no hemos de querer repetirlos. La sorpresa de existir facilitará que los presentes nos esforcemos con alegría para arreglar las consecuencias actuales de los males anteriores a nosotros. V.- Los seres humanos, por el mero hecho de existir -pudiendo no haber existido-, tenemos una relación fundamental: ser hermanos en la existencia. Si no existiéramos, no podríamos siquiera ser hermanos consanguíneos de nadie. Percibir esta fraternidad primordial en la existencia, nos hará más fácilmente solidarios al abrirnos a la sociedad. VI.- Al organizar en la actualidad las nuevas estructuras sociales que se consideran oportunas para construir una sociedad más firme y en paz, es peligroso, muchas veces, basarlas sobre otras estructuras antiguas, aunque en su momento las vieran convenientes. Es más sólido fundamentar las nuevas estructuras sobre unidades geográficas humanas. Sin embargo, evitando el riesgo de que éstas se encierren en sí mismas, ya que ello desemboca, casi siempre, en desavenencias de toda índole y hasta en guerras. VII.- El ser humano es libre, inteligente y capaz de amar. El amor no se puede obligar ni imponer, tampoco puede existir a ciegas sino con lucidez. Surge libre y claramente o no es auténtico. Siempre que coartemos la libertad de alguien o le privemos de la sabiduría, estaremos impidiendo que esta persona pueda amarnos. Por consiguiente, defender, favorecer, desarrollar la genuina libertad de los individuos -que entraña en sí misma una dimensión social corresponsable- así como su sabiduría, es propiciar el aprecio cordial entre las personas y, por tanto, poder edificar mejor la paz. VIII.- Los representantes actuales de las instituciones que han perdurado en la Historia, no son responsables de lo sucedido en el pasado, pues ellos no existían. Sin embargo, para favorecer la paz, esos representantes han de lamentar públicamente, cuando sea prudente, los males e injusticias que se cometieron por parte de esas instituciones a lo largo de la Historia. Así mismo, han de resarcir en lo posible, institucionalmente, los daños ocasionados. IX.- Los progenitores son responsables de haber dado la existencia a otros seres. Por tanto, con la colaboración solidaria de la sociedad, tienen que propiciar, hasta la muerte de sus hijos (en especial los discapacitados psíquicos o los de voluntad débil), los medios y apoyos suficientes -principalmente dejarles en herencia un mundo más en paz- para que éstos desarrollen su vida con dignidad humana, ya que no han pedido existir. Por otra parte, los jóvenes tienen derecho a ser motivados y entusiasmados en la alegría de existir, por el ejemplo de sus padres, familia y la sociedad. Igualmente, para trabajar ahondando en las técnicas y ciencias, a fin de ellos poder, a su vez, colaborar para conseguir un mundo más en paz. Así mismo, es evidente que no se podrá construir la paz global mientras en el seno de la sociedad e incluso dentro de las familias, exista menosprecio hacia más de la mitad de sus integrantes: mujeres, niños, ancianos y grupos marginados. Por el contrario, favorecerá llegar a la paz el reconocimiento y respeto de la dignidad y derechos de todos ellos. X.- Un creciente número de países reconocen ya en la actualidad, que todos tenemos el derecho a pensar, expresarnos y agruparnos libremente, respetando siempre la dignidad y los derechos de los demás. Pero igualmente, cada ser humano tiene el derecho a vivir su vida en este mundo de modo coherente con aquello que sinceramente piensa. Las democracias, pues, han de dar un salto cualitativo para defender y propiciar, también, que toda persona pueda vivir de acuerdo con su conciencia sin atentar nunca, por supuesto, a la libertad de nadie ni provocar daños a los demás ni a uno mismo. Sin resentimientos, desde la libertad, las evidencias y la amistad, puede construirse la paz. Gracias, amigos y amigas... Posdata: Es tarea de los gobernantes concentrar sus miras al bien de los contemporáneos, pues ya existen y tienen derecho a vivir la vida con dignidad humana, sin que el bien de los presentes hipoteque el equilibrio ecológico del futuro. Si una nación, gracias a sus políticos, va de bien en mejor, las relaciones entre sus ciudadanos actuales transcurrirán de una manera más suave y gratificante, e irán naciendo unos hijos, los cuales podrán alegrarse de que el país haya ido progresando, pues gracias a ello se habrán dado las condiciones precisas para los encuentros de los adultos que posibilitaron el existir de esos hijos. Sin embargo, si algunas naciones están menos bien gobernadas, las relaciones interpersonales de los adultos que ahora viven se desarrollarán de otra manera más dificultosa; de ahí otros encuentros, relaciones, etc, y nacerán otros seres, distintos de los que hubieran nacido de ir la nación mejor. Los que han nacido en estas otras circunstancias, podrán alegrarse igualmente de que las cosas hayan ido en sus países de modo menos pujante, pues si no, ellos precisamente no habrían sido engendrados. Claro es que estos nuevos ciudadanos deberán esforzarse para mejorar la situación cuando sean mayores. Es evidente, pues, que en cualquier país los ciudadanos del mañana, sean quienes sean -si están contentos de existir-, se alegrarán siempre de lo que los respectivos gobernantes de hoy hayan hecho -mejor o peor- ya que, gracias a eso, ellos existen. Por lo tanto, el bien de los contemporáneos es el objetivo más importante de los gobernantes. |
| Esta carta no es fruto de ninguna ideología.
Se basa sólo en evidencias. Firmar esta Carta no implica vinculación ni compromiso con los promotores de la misma. Ojalá, en cambio, que los que sintonicen con ella promuevan por su cuenta realizaciones concretas para la paz a la luz de estas evidencias. |
| comentario: |
| Quienes suscriben la Carta de la Paz o se adhieren a
ella, se dirigen a todas las personas del mundo como amigos y amigas.
Podría decirse que la amistad es como un común denominador
que puede darse en todas las relaciones humanas. La amistad nos aparta tanto del individualismo como del colectivismo y nos acerca a las personas. |
| La paz es aquel conjunto de condiciones que hacen posible la plena realización de las personas y de los pueblos. La paz brota de adentro hacia afuera, es decir, empieza en el individuo y termina en la sociedad. La Carta menciona la paz entre los distintos pueblos, porque es la dimensión cumbre de la paz, y para lograrla, hace falta conseguir la paz personal, familiar, grupal, etc. |
| La mayoría deseamos la paz, pero no siempre sabemos
apreciarla. La Carta, después de constatar tantas quiebras de la
paz en todo el mundo, se plantea hasta qué punto deseamos realmente
la paz. Sin paz no podemos construir nada. Si no nos damos cuenta de lo que significa la paz, no trabajaremos con esfuerzo y dedicación para conseguirla y cualquier pretexto será adecuado para quebrarla. |
| La Carta de la paz es realista: No es fácil lograr la paz. Requiere esfuerzo y trabajo. La paz es tarea de todos, decir que es una utopía es la excusa usada por algunos para no trabajar por conseguirla. |
| Existen muchos obstáculos para lograr la paz. Es imprescindible, para la paz, darse cuenta de cuáles son esos obstáculos, para así poder superarlos o evitarlos. No podemos ser ingenuos. |
| La Carta de la Paz se basa en evidencias. Quiere señalar unos principios (no dice razonar o elaborar, sólo indicar) y ofrecer unos fundamentos (no todos, por supuesto) para que desde ellos podamos empezar a construir la paz. La Carta de la Paz no es un seguro de Paz, no es una "varita mágica", sino una base sólida para comenzar a construir la Paz. |
| No somos culpables por la sencilla razón de que no existíamos. Nuestra existencia tiene un principio, un límite en su inicio, o sea, antes, no éramos. En un momento dado empezamos a ser, y podíamos no haber sido jamás (bastaba simplemente que nuestros padres no se hubieran conocido). |
| La palabra Historia se puso en la Carta de la Paz con mayúscula para diferenciar la "Historia" colectiva, donde yo no existía, de la "historia" personal que comienza con el engendramiento. |
| Resentimiento es un sentimiento que se repite. Es
un volver a sentir, un re-sentir. El problema con los resentimientos es
que normalmente resentimos las cosas que nos causan dolor, las penas o
enojos causados por falta de afecto o desconsideración. Volvemos
sobre esas penas evitando que la "herida" cicatrice, lo que
nos produce rencor. Uno de los obstáculos más áridos y difíciles de superar en la construcción de la paz es el resentimiento, es una especie de actitud que viola la armonía en el seno de las relaciones humanas y genera tensiones, odios, reticencias y prejuicios de todo tipo. El resentimiento es la gran traba en la construcción de un mundo más solidario, más justo y pacífico. |
| La Carta de la Paz califica de absurdos aquellos resentimientos fruto de razones históricas que yo nunca viví, por la sencilla razón de que no existía. ¿Cómo puedo resentir algo que yo nunca sentí? Estos resentimientos que se transmiten de generación a generación son un gran obstáculo para la paz, nos llenan de prejuicios, venganzas, odios, etc. |
| Una actitud de paz requiere el aprecio entre personas para encontrar caminos y superar diferencias entre personas y pueblos. La amistad es el primer fundamento que ofrece la carta para empezar a construir la paz. La enemistad no genera la verdadera paz, al contrario aviva resentimientos, conduce a riñas, pendencias y hasta guerras. |
| La paz conlleva trabajar en conjunto. La Carta ve el trabajo asociado a la cordialidad y a la amistad. No es suficiente que cada quien trabaje por su cuenta sino que debemos trabajar juntos para conseguir la paz en un mundo, cada vez, más global. |
| Somos históricos, o sea, somos seres que para empezar a ser hemos dependido de la Historia. Esconder o deformar la Historia, tanto la familiar como la de los grupos o de los pueblos, es un grave obstáculo para edificar la paz. El pasado ya ocurrió, y de los hechos anteriores a nuestro uso de razón no somos personalmente responsables, pero la Historia es una fuente de conocimiento. Del presente y, en parte, del futuro sí somos responsables y debemos actuar con la mayor ética posible. |
| Nos ha tocado lo que algunos llaman la lotería de existir. Frente a los millones y millones de probabilidades de que no existiéramos, existimos. Existir es nuestro mayor tesoro. Si no existiéramos, todo lo demás no tendría sentido. |
| ¡Podíamos no haber existido! Al sentir la
sorpresa de existir, junto a la estremecedora vivencia de que podíamos
no haber existido, provoca una alegría de existir. La alegría
que surge de esta sorpresa nos lleva a tratar de mejorar el presente y
las consecuencias dolorosas de nuestro pasado. El descubrimiento de esta evidencia impulsa a trabajar por la paz. |
| Hoy en día los fundamentos sobre lo que se ha
construido la fraternidad de la humanidad se muestran insuficientes. La
Carta sugiere un nuevo fundamento para construir más sólidamente
la paz. La novedad de este fundamento no está en que poseemos una naturaleza humana común o que tenemos la misma e igual dignidad por ser personas, sino en algo más dinámico: en que existimos. |
| La fraternidad de sangre, pertenecer a una familia o a un grupo, lleva a compartir entre sus miembros la vida, el tiempo, la cultura y los bienes materiales. Si deseamos realmente la paz es necesario abrirse a la solidaridad. Es decir, compartir la vida, el tiempo, la cultura y los bienes materiales con aquellas personas que no conocemos, por ser de otra familia o grupo, pero que sabemos de su existencia, dificultades y necesidades. |
| El ser humano es un ser social y toda sociedad necesita de una estructura para sostenerse. Una organización que permita el desarrollo de cada ser, de cada familia, de cada grupo social. En tiempos de grandes cambios socioculturales es necesario la creación de nuevas estructuras que respondan a las nuevas realidades sociales, tecnológicas, culturales, etc. |
| Las Unidades Geográficas Humanas son quellas estructuras sociales que se basan en elementos de la sociedad de tipo natural y no artificial y que constituyen un colectivo, ya sean pueblo, etnia, u otro grupo organizado con libertad, solidaridad y respeto por la dignidad de la persona. |
| Estas tres capacidades humanas son fundamentos básicos para la Carta. En la persona está el origen de la paz. Para que haya paz hace falta cultivar, de modo simultáneo, estas tres dimensiones de la persona. |
| El amor es un elemento esencial de la plenitud del ser humano. Necesitamos amar y ser amados, por tanto, el amor no debe reducirse al ámbito de la mera familia o de los amigos. El amor debe ser siempre libre y lúcido. |
| La libertad es ser aquello que realmente uno es. Una
persona libre es la que no está sometida. La noción de libertad
incluye la posibilidad de decidir y la responsabilidad para con uno mismo
y hacia la comunidad (ser libre implica asumir obligaciones). Una libertad
genuina ha de tener en cuenta a los demás. No puede encerrarse
en sí misma ni negar la solidaridad. Lo contrario a la libertad no es la obligación sino la coacción, es decir, el querer, por cualquier medio, imponerse o doblegar al otro. |
| Sabiduría es saborear y paladear la existencia, la realidad. Saber apreciar la verdad y todo lo que de ella se desprende. La inteligencia humana debe alcanzar en toda persona un desarrollo digno y suficiente de conocimientos, tomando en cuenta que la sabiduría va más allá de la mera posesión de unos datos e informaciones. La sabiduría nace de la libertad y se orienta hacia el amor y el bien. |
| Cada una de las organizaciones fundamentales de una sociedad, son instrumentos de los que se sirve el ser humano para lograr objetivos a largo plazo y que perduran en la historia. |
| Si los integrantes de una institución disfrutan hoy de los beneficios derivados de acciones injustas realizadas en el pasado por esta institución, para favorecer la paz, es coherente que estos integrantes restituyan, en el modo y los medios adecuados, el mal cometido. |
| No quiere decir tener una actitud paternalista sino facilitar y posibilitar los medios y apoyos suficientes (por ejemplo dejarles en herencia un mundo más en paz). No se trata de darles todo resuelto sino de favorecer que los hijos puedan desarrollar su vida con dignidad. |
| Esta responsabilidad va más allá de un compromiso social, moral, ético o afectivo, es un algo más profundo, es un compromiso óntico. Es decir, ninguno de los que existimos hemos pedido exisitir, ni tan sólo hemos tenido la posibilidad de tomar la decisión. Si estamos aquí, viviendo esta vida, es porque nuestros padres nos han concebido, ellos eran los únicos que podían hacerlo y lo hicieron. De ahí la responsabilidad que adquieren al darles la vida a sus hijos, una responsabiildad que perdura hasta su muerte. |
| Entusiarmar, según el diccionario, es todo aquello que nos da gozo de vivir, que nos hace sentir libres. Aquel que está contento, que se siente libre, desea con entusiasmo mejorar su entorno familiar, social, económico y político. Los jóvenes motivados y entusiasmados con el ejemplo de sus padres y de su sociedad tendrán mayores posibilidades de construir una sociedad en paz. |
| Marginar significa dejar al margen, es decir, excluir del conjunto de la sociedad a personas o grupos. Los motivos pueden ser diversos, pero en todos los casos se trata de una injusticia contra la dignidad que se mercen todas las personas por el hecho de serlo, como se expresa en la declaración universal de los derechos humanos “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos”. |
| Este derecho a vivir su vida en este mundo de modo coherente con aquella que se piensa no debe ignorarse. Si en un país, un partido político gana tres o cuatro elecciones seguidas, las personas que no sintonicen con él pueden pasar parte del período más central y activo de su vida, viviendo conforme no desea. Esta realidad, en cuanto a la paz y a la convivencia, constituye un obstáculo que conviene superar. |
| Las democracias deben ofrecer una opción para que las minorías puedan vivir, dentro del contexto democrático, coherentes con su forma de pensar. Esto constituye un “salto cualitativo” para las mismas, o sea, no se trata de una mera cuestión de cantidad de democracia sino de un aumento de calidad. Esta democracia, así consolidada, ya es denominada por algunos “democracia en libertad”, debido a que en ella se protege la libertad de la persona no sólo de pensar sino de vivir como piensa. |
| En este enunciado se resume la Carta de la Paz: los obstáculos principales para la paz son los resentimientos históricos y los principios que pueden ayudar a superarlos (desde la libertad, las evidencias y la amistad) constituyen, a la vez, los fundamentos sobre los cuales construir más sólidamente la paz. |
| Procurar el bien de quienes existen hoy no constituye de ninguna manera una licencia para la frivolidad o la irresponsabilidad ante las generaciones futuras. Precisamente el principal bien que podemos legar a nuestros descendientes futuros es que quienes existen en el presente sean personas armónicas que vivan en paz y gozosas; así serán los óptimos educadores de quienes les sucederán. |
| Y podrán hacerlo gracias a que existen, si las cosas se dieran de otra forma (mejor o peor) no tendrían siquiera esa opción porque no existirían. Ahora bien, si están contentos de existir (que pueden no estarlo), tendrían que ser consecuentes con esa alegría de ser: aceptando los hechos que provocaron su engendramiento y procurando mejorar las condiciones futuras. |